El Postre, la última impresión en la comida.

Terminar una comida con un postre mediocre, o sin postre porque ya se sabe que no vale la pena, es el peor desperdicio imaginable para un gastrónomo. En Allégorie, los postres son un elemento esencial de la carta.

Huimos espantados de los postres al uso, tales como el omnipresente cheese cake, o el ya pasado de moda carrot cake, exactamente de la misma forma que renunciamos al tartar de salmón con aguacate.

En Allégorie, la creatividad está presente en la mesa desde el aperitivo hasta el postre, que debe ser tan pensado y elaborado como los demás platos de la carta. Como los otros manjares, el postre debe ser una mezcla infinita de sabores y texturas, relacionándose armoniosamente la unas con las otras, para provocar en el comensal, una dulce sensación de bienestar a la vez que una fuerte emoción.

La crema responde al merengue, la ganache a la galleta, la masa al caramelo. El cacahuete viene rematar el chocolate, el glaseado culminar el biscocho. El helado dialoga con la masa templada. Los gustos se mezclan, las texturas se equilibran, los sabores se unen en una danza gastronómica que resulta indispensable.

Sin el postre, la comida no está acabada; con el todo lo degustado queda sublimado, y grabado en el recuerdo del comensal.

el postre debe ser una mezcla infinita de sabores y texturas